La famosa ruta en tren de Kandy a Ella.
Hay una ruta muy famosa en Sri Lanka en tren que es la de Kandy a Ella y sin duda alguna, merece mucho la pena.
Cuando llegamos a Kandy desde Dambulla escuchamos sobre Nwara Eliya por parte de más de un cingalés. Ana había leído también sobre esta ciudad en la montaña en la guía de Lonely Planet así que nos subimos en un bus rumbo a este lugar. No os contamos como fue el trayecto, es mejor vivirlo.
Al llegar a Nwara Eliya estaba lloviendo a cantaros y la parada del tren descubrimos que estaba en Nuna Oya por lo que decidimos pasar la noche allí. Al día siguiente madrugamos para coger el primer tren y a las 7.30 estábamos en la taquilla comprando 2 tickets de 3ª clase hacia Ella. El tren nos costó 320 rupias que al cambio no llega a 1€, una locura… Lo compramos en taquilla porque ya no se podía por internet.
Al final el madrugón sirvió de poco… el tren llevaba 2h de retraso, pero nos dijeron que debíamos comprar el ticket media hora antes de la hora de salida prevista.
Llega el tren y por fin nos subimos e incluso conseguimos asiento.
Ha sido el mejor viaje en tren de nuestras vidas
El tren sale de Nuna Oya a un ritmo lento. En frente tenemos a un chico extranjero, como nosotros, y un señor cingalés con su hijo en brazos. Empezamos a observar el vagón que está en un equilibrio entre gente local y visitantes. Nos encontramos en el umbral entre vagones que sirve de paso a varias chicas locales que entre risas se cambian de un vagón a otro.
Por la ventana se observa un paisaje que poco a poco se va abriendo y que está marcado por el verde absoluto. Desde nuestro lado, a la derecha en el sentido de la marcha, se aprecia una plantación de té que desciende hacia un valle poblado con algunas casitas; desde el otro, una masa arbórea densa se sitúa próxima a las vías y se intuye que la montaña por la que atravesamos está próxima a su pico más alto.
Sacamos el móvil y empezamos a grabar un vídeo por aquí y una foto por allí. Estamos incrédulos por semejante paisaje.
Al rato empiezo a sentirme inquieto por estar sentado de espaldas al sentido de la marcha y me levanto para buscar una posición desde la que mirar hacia delante. Es cuando descubro que la gente local se estaba dedicando a asomarse por la puerta del vagón y esto despierta en mí unas ganas insaciables de asomarme.
Comienzo a acercarme a ellos sin decir nada esperando mi turno que cuando por fin llega me hizo tan feliz… Qué sensación… En la puerta opuesta a la mía un chico se asoma y constantemente grita. Yo lanzo mi cuerpo fuera del tren mientras con una mano me sostengo al quicio de la puerta. El tren iría a una velocidad de unos 60 km/h. El viento, la temperatura, el paisaje, la sensación de ser libre y estar como un niño feliz colgando de un pomo… Fue sin duda una de las mejores experiencias.
Después de un rato Ana me releva y yo me siento en nuestro sitio para grabarla. Su cara de felicidad era digna del vídeo que luego decidí pasar a UHD para que no se perdiese ningún detalle.
Cuando ya llevamos como una hora llegamos a una zona repleta de túneles. Esto ya mejoró aún más la experiencia. La gente local se volvía loca. Era como estar en el tren de la bruja de la feria. Yo estaba de nuevo asomado a la puerta y de repente todo el mundo empezó a gritar como si de una tribu india se tratase. Me uní al griterío. Era una mezcla entre grito indio y el irrintzi. Qué divertido!
Además, en su inagotable estado de ánimo feliz, en el vagón contiguo la gente había conectado un altavoz portátil. Todos estaban bailando una música instrumental con bastante ritmo, contoneando mucho los hombros y bajando hasta el suelo como si de reggaeton se tratase. La gente jaleaba y se reían. Algunos tocaban timbales. Otros bailaban en el centro del pasillo una especie de duelo y la gente se ponía alrededor y los vitoreaban, que espectáculo.
El tren se convirtió en el escenario de múltiples eventos cuya finalidad no era más que el disfrute. La gente de allí se asomaba al paisaje con semblantes plenos, que maravilla de experiencia…
El trayecto duró como 5h y en ningún momento nos sentimos agotados, al contrario, la energía del lugar te recargaba las pilas.
Recomiendo mucho esta experiencia. Recomiendo que vayáis en tercera clase, que os mezcléis con la gente cingalesa, que seáis respetuosos con sus costumbres, que compréis el ticket en taquilla y que os lo paséis muy bien, disfrutéis del viaje, del paisaje y que cuidado con sacar mucho el cuerpo, los túneles os pueden dar un susto.
Sed felices y pasadlo bien.

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